domingo, 17 de febrero de 2008

¿Es la granja de Playmobil?


Ah, sí, sí, sí, aquí es.
El tiempo sigue pasando raudo y veloz. Esta semana ha sido terrible, el llanto a flor de piel en muchos momentos, quizá la resaca del viaje, tanta magia, un mundo tan distinto, o quizá porque ya tocaba.
El fin de semana, por el contrario, han sido sonrisas, flores y risas. Sábado y domingo más “blue sky days” que nunca. En febrero busca la sombra el perro. Eso dice Aurelia, gran sabia de Monte Esquinza, y aquí se nota. El sol empieza a calentar y el famoso temporal es inexistente en Pekín. Mei you le. Los petardos y fuegos artificiales por el nuevo año ratero también empiezan a disminuir en frecuencia e intensidad.
Mi moto está siendo objetivo de vándalos. Primero un retrovisor, luego el otro, luego un pedal y por fin la rueda trasera. Muy cómica mi imagen llegando a la oficina con la bicimoto cayéndose a cachos, literalmente. El sábado fui a un chino ferretero callejero a ver si podía hacer algo por la pobre motobici. Lo ha hecho, tras mucho rebuznar en mandarín, la ha arreglado.

Y un paseo por el hutong con Darío, porque ha venido. Gracias. Ahora mismo estará en un avión camino de Mordor...

lunes, 11 de febrero de 2008

巍丽丽,宝丽,爱丽, tres chicas aguerridas


Ésta es la breve historia de un viaje poco convencional. Año nuevo chino, martes día 5 de febrero después del trabajo. Ahí comienza el viaje. Eso es, "el viaje". Beijing - Kunming - Jianshui -Tuanshan - Yuanyang - Xinjie - Qingkou - Yuangyang - Jianshui - Jinghong - Kunming - Beijing. Esto es, tres aviones, más de 24 horas en autobuses varios y mucho sur de Yunnan. Total: cinco días, todo es posible. No se puede contar más porque no hay palabras.


viernes, 1 de febrero de 2008

Mortadela, lentejas y berberechos



Pues sí, tengo hambre. Tan tarde que es, pronto ahora. Vuelta de Haerbin, sobrevivir al hielo, a los tigres manchús y la matanza del cordero, la división 731 y Zhong Yang Da Jie. Gran ciudad, china como la que menos, rusa como la que más. Los juegos de invierno el año que viene, el año de la rata éste.




Hace mucho frío, los chinos viajan para reencontrarse con sus familias, hacen lo que pueden. Los mineros de Datong lo tienen difícil, quizá sean Datong ren y no tengan porqué moverse a ningún sitio, pero la gran mayoría vuelve a sus pueblos de origen. La pena, el frío se lo impide, se concentran en las estaciones de tren esperando poder ir a casa para comer jiaozis con la familia, entregarse sobres rojos y barrer todo lo malo, sacarlo por la puerta de atrás y esperar un año de suerte y prosperidad. Majicos los chinos, peores nosotros












Desde Beijing, una europea, de repente.

domingo, 20 de enero de 2008

¡Viva la gente, la hay donde quiera que vas!



Esta canción fue la canción de cierre del karaoke cumpleañero. Pues sí, pues sí. Primer cumpleaños pequinés, ¿acaso habrá más? Karaoke loco y amigos, cena gorda y cervezas, rosas rojas, muchas, y visita fugaz de Darío (gracias, gracias, gracias). Un gran fin de semana, he sido muy feliz. Sonrío.

Ahora como pistachos de California mientras pienso en lo que me depara la semana. Seminarios europeos, atreverme a ir a la peluquería, replantearme el regreso al gimnasio, comprar los billetes para Harbin (menos veinte grados no pueden asustarme), retomar las clases de chino y tratar de dormir más.
¡Bien! Intenciones y acciones.
Ya queda muy poquito para el año nuevo chino, este año toca la rata. Algo que me horroriza es que aparezca Mickey Mouse en algunos de los carteles que se cuelgan en las casas para dar la bienvenida al año nuevo. Además, Mickey Mouse es un ratón, no una rata.


domingo, 6 de enero de 2008

Feliz feliz...todo, para todos



Muchas cosas han pasado desde la última vez que escribí, no haré resumen porque de verdad que son muchas.

Así que empezaré resumiendo: cena de Nochebuena en mi casa, dieciséis becarios en nuestro hogar, tomando cordero a la pequinesa (pato no, cordero) y otras delicias cocinadas por amables compañeros.

Despedida de las profesoras en la academia, ay ay ay, que ya dentro de poco empezamos a currar en la oficina.

Salida por necesidades del visado, salidas del país por necesidades de la vida. ¿Yo? A Dubai me iré y nadie me verá. Bueno, Darío me vio, yo vi su casa, su vida en la ciudad de cartonpiedra y conocí los horrores de la edificación masiva, el rascacielos más alto del mundo, torre de Mordor cuanto menos. Pero fui feliz, muy feliz. La playa de Dubai es molona, agua limpia al estilo menorquín (perdón Menorca) y arena blanca y fina. El ambiente no es el más playero, véase indios paseantes y observadores, que se bañan con el calzón abanderado tan felices. Yo les entiendo, criaturas, pasan el día trabajando para construir el edificio de Mordor, tendrán que liberar su angustia de algún modo.

Regreso a China, fin de año en un avión de Emirates con unas azafatas rubias de ojos azules con el tocado estilo emiratí, raro, pero amables. Vista impresionante desde la ventana: meseta Tibetana, meseta no, cordillera inmensa, nieve y montañas todo lo que alcanzaba mi vista, Xinjiang y su desierto infinito, un poco del Gobi, ya estaba llegando a casa. Vuelvo a mirar, la muralla, en los riscos de la cordillera, ya, ya llego a Pekín. La emoción es doble, siento que Pekín es un poco mi casa y me acompaña Darío, ganas de que vea con sus ojos todo lo que yo veo.

Hace una semana que he empezado a trabajar, leo y leo.


Ayer fue la noche de reyes, para mí la más importante de las navidades. No por los regalos, sino por la intensidad con la que se vive en mi casa (gracias mamá). Día cinco cumpleaños de mi abuela, día seis nos volvemos a reunir, el último día de las navidades, vuelta al cole en su momento, vuelta a las responsabilidades ahora. Hoy.


viernes, 14 de diciembre de 2007

Respira!

Hoy soñado con el mar, con el de Menorca en particular. Bajando por una callejuela del pueblo del Es Castell de repente me encontraba con el mar azul a lo lejos, mar verde también. Tenía que subir de nuevo la cuesta y retroceder sobre mis pasos para tener una mejor perspectiva, las casas blancas y sobre ellas, el mar y el cielo.

Pues eso, que desde China también se disfruta recordando las maravillas de España, que son muchas. Entre ellas Santa Cruz: mis abus, las uvas, mis primos, la casa...qué casa, magia y paz.
Queda sólo una semana de academia, qué tristeza más grande, de nuevo mi oportunidad de ser Peter Pan para siempre se acaba. En enero comienzo a trabajar y volveré a hacerme mayor. O no.

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Di qi ke! Shanghai, Datong...Beijing Beijing!







Casi un mes desde la última misiva, masiva. Entre tanto idas y venidas por la China querida, de vez en cuando ya desesperante. Primero Shanghai, compra de billete la noche de antes, tras el foro inversor con visita de príncipe y consorte, mesas redondas de empresarios, paseo por Wangfujing y sus pinchitos, siesta en hotel con mi compi Alba.


Amanezco a las cinco de la mañana, Coloso, Tajose y yo directos al aeropuerto, a Shanghai que nos vamos, de fin de semana hiperactivo. Y así fue. Pudong y su skyline, un tren subterráneo sicodélico, la primera reunión del Partido, copas que doblan el precio de las de Pekín, rascacielos, concesión francesa. Los becarios de Shanghai nos acogen felices en su seno, cumple de mi alter ego inversor, María; paseo y pateo. Despedida. "¡Nos vemos la semana que viene en Pekín!" nos dicen, y así sucedió.
Fin de semana siguiente, nos visitan los shanghaineses, ahora voy yo, ahora vienes tú, tour por mi ya ciudad, cada vez más, paseos, descubrimientos, ¡el kilómetro cero! Y la puerta del Sol, ¿dónde está? Templo del cielo, repito, vale la pena. Cada día hay nueva magia al cruzar la puerta este.
Una de pato pequinés, fiesta del Alfa, paseo por los hutongs.

Una nueva semana, más chino, más caracteres, más frustración, ya no puedo más, mi capacidad de atención se merma...lo bueno es que siempre llega el día de inspiración, el del don de las lenguas, una sale de la academia optimista, feliz, sonriente, con más ganas que nunca de comer noodles.
Un nuevo plan: viaje a Datong, provincia de Shanxi, en tren. Seis horas por la noche, en literas, con los chinos, con los abrigos gordos. Mi elección estrella del YaShow (el mercado amigo) es un abrigo de plumas de pato canadiense. Soy Kenny, pero de momento no me han matado a pesar de que mi campo visual se haya reducido al 10%. En Datong hace frío, mucho frío, y el carbón ensucia las botas de "barbie se va a la montaña". El aire está sucio, la plaza llena de militares y de altavoces. Suenan canciones durante toda la mañana. Contratamos a unos conductores para ir a ver las cuevas de Yungang (más de 50 grutas, más de 50.000 esculturas budistas) y el Hanging Monastery del monte de HengShang (más de 1.500 años). Merece la pena. Mi amiga Pati ha venido conmigo. Y yo con ella.

El final: después de regresar en un tren en el que en las diversas paradas la gente entraba por las ventanas, al llegar a casa no teníamos luz.

Una nueva semana, ya casi a mitad. Hoy hubo kickboxing al estilo Manchú.