miércoles, 14 de mayo de 2008

Espirales

Últimamente me acuerdo de España en demasía.

Todo lo que veo tiene toque español. Ya empecé muy a principios de mi aventura chinesca a buscar paralelismos con Spain. Mutianyu era la Pedriza, el camino de Pekín a la Muralla, igualito que la carretera de Burgos de salida de la gran ciudad. Luego fue Xinjiang, la ciudad de Turpan, aridez total y parras y vides sin cesar. Recuerdos del monte Santacrucero, en las cercanías de Cuenca, las uvas pequeñitas, aún queda para la vendimia un rato, mi abuela y mi madre caminando por la tierra roja que se cuartea a cada paso. Pues bien, ayer creí estar caminando por la calle Génova de camino a Alonso Martínez. Esta vez no fue por las similitudes paisajísticas sino por los chinos. Volvíamos camino a casa Cris y yo, paseando y marujeando, destino al supermercado, para hacer compra rica y cenar sano.
Al igual que otras veces, en nuestro camino nos cruzamos con chinos haciendo gimnasia, andando hacia atrás, paseantes y paseadores de perros pekineses, locos en bici, vendedores de plantas, y así, un sinfin de adorables personajes que hacen que la vida en esta ciudad me guste cada vez más. Entre todos estos seres, unos obreros. Obreros chinos, que no tienen nada que ver con los de las Españas. Véase, no miran a las señoras, chicas, niñas al pasar. No gritan, no silban. Bueno, esto era hasta ayer, que sí silbaron. Cris reparó la primera en el detalle, yo no había sido consciente. Parece mentira que un detalle tan absurdo no se nos pasara por alto. Era la novedad. Tal conducta es rara en los chinos, muy rara.
Son ya muchos meses sin pasear por los madriles por las maravillosas obras de Gallardón, esas zanjas, los andamios, la búsqueda de tesoros, los nuevos pavimentos, los "no a la tala" (Tita, estoy contigo), los nuevos ejes, los túneles que tanto gustan, los parquímetros, las áreas peatonales, intercambiadores por doquier, estatuas que se quitan, otras que se quieren mover (ay Colón, quédate ahí hasta que vuelva), plazas iluminadas, Pepita Jiménez allá en Recoletos, siempre con la nariz partida. Valle Inclán sin sus gafas.
Y hasta aquí podemos leer. Mañana a Corea, ea ea ea.

El terremoto: en la oficina sentí el oscilar de un barco, mareo para el resto del día. Aunque lo que sucedió en Pekín da igual, hay que mirar 1.500 km. más hacia el oeste. Las cosas importantes.

jueves, 8 de mayo de 2008

Jingzi jingzi gaosu wo!


Espejito espejito mágico, dime dímelo. Un cuento de vida, una vida cuento. Hoy por la mañana veía a los abuelos sonreír. Dando pasitos pequeños, arrastrando los pies por la acera, ese sonido de las zapatillas que se arrastran por el pasillo, andar inconfundible, igual en todas partes del mundo. Pero aquí les gusta caminar hacia atrás, aunque más bien sería andar al revés, esto es, de espaldas, que no marcha atrás. Hacia delante pero mirando atrás. Este ejercicio equilibra el qi, la energía, y equivale a caminar ocho horas normalmente id est, hacia delante.
Día nublado y yo más feliz que nunca. Qué bien los estados de ánimo, qué poco sentido tienen las cosas. Viva la música, viva el Maestro y Margarita. Hoy me siento sobrevolando los cielos de Pekín como haría Margarita sobre los cielos de Moscú en su encuentro con Voland, Asaselo y Popota, este último el mejor sin duda. Me hace reír. La felicidad máxima, un gato en un tranvía, el bien y el mal. Todo por vivir con él, su yo, en paz. La tranquilidad. No hace falta más. Dedicada a mi maestro. Vida y sueño para él.



lunes, 5 de mayo de 2008

¡Que vienen los Uygur!


De vuelta de Xinjiang. Nunca pudimos llegar a nuestra última parada, Kashgar, por la tormenta de arena. No importa, además de llevar torta lo hemos pasado estupendamente en el resto del camino. Xinjiang es otro mundo, otro país (esto lo diré bajito por si se enfadan los de Mainland). Paisajes desérticos, yermos, kilómetros y kilómetros de estepa y erial. Cómo me ha gustado.
Primera parada Dunhuang y sus cuevas budistas. Descubrir el poder de Feitian, la flying Apsara. Dunas gigantes y Crescent Lake.
Tren nocturno hacia Turpan, qué ilusión, dormir con otros cinco chinos desconocidos en mi compartimento. ¡Viva!Los pies al aire, despertares de nenuco, bostezo, eructos y noodles. Qué majos que son.
Cuántas horas, muchas. Llegada a Turpan. Uvas, parras y recuerdos de Santa Cruz. Cielo azul y minaretes, desierto y montañas de fuego, más desierto, exploración de petróleo. Dormitar en hotel de mala muerte. Comida Uygur, pinchitos y mian.

Marcha hacia Urumqi, paisaje único, montañas negras y camellos que pululan por las montañas a su libre albedrío. Aerogeneradores por doquier, recuerdo del paso por Zaragoza. (Ummm, me acuerdo ahora de los Monegros, no querré volver más nunca a mi país si al final crean un nuevo Las Vegas para almas perdidas en ese lugar.)
Prosigo, mi camino, un lago gigante, el mar muerto de china. Después llegará la montaña celestial, con su lago hecho de lágrimas del amor de ella por él.

Urumqi, gentío y ciudad de Dios Xinjianesa, chinos, rusos y caucásicos. Chinos rubios, chinos moros, chinos rumanos. Así, ¿serán chinos? Mezquitas todas, azulejos de colores, mercados nocturnos, recuerdos de Kuala. Eclecticismo y desequilibrio. Ni un segundo sin poder dejar de observar, de mirar. Aquí, en la ciudad más lejana del mar del mundo los niños juegan al avión y al truque. Las niñas hacen los deberes en la calle mientras otros niños pícaros juegan a las caras jugando a ser mayores. Pues como en todos sitios. Los juegos del lenguaje. Para mí es la vida y su círculo, que no espiral.

martes, 29 de abril de 2008

Man man lai

Sólo puedo dar las gracias por la suerte que tengo, sonrío por ello.
Este fin de semana he vuelto a recuperar la paz. Paseo por Nurenjie, un lejano oeste en mitad de Pekín. Ahora de nuevo toca la vuelta a la rutina, recordar y vivir.

Mañana parto para Xinjiang, una ruta de la seda en cinco días, muy poco tiempo para conocer lo que en su día fue la mayor vía de comunicación de la tierra, paisajes inhóspitos y población Uygur. Dunghuang, Turpan, Urumqi, Kashi, Urumqi y vuelta a Beijing. Ése es el plan, aunque dada la experiencia por el sur de Yunnan nunca se sabe cómo saldrán las cosas. De momento las aventuras siempre han salido bien, los conjuros me protegen.

La primavera pekinesa es difícil de sobrellevar, la presión atmosférica y las partículas del aire hacen que cueste respirar. Hoy estoy cansada. Tarde preparatoria de viaje y lectura.

Cuando vuelva ya será mayo, mi hermana y mi madre casi estarán de camino. Primera parada Delhi, yo os esperaré aquí en Pekín.

miércoles, 16 de abril de 2008

Suerte


En esta vida hay que sonreír. Y en aquélla, pues también.

Hoy me vuelvo a acordar de India, coincidiendo con el paso de la llama por Delhi. Ay la llama olímpica. Lo que nos vamos a comer con los juegos. Visados restringidos, incluso para turistas, obras obras y obras, polvo, subida de precios, invasión, incoherencias, injusticias, noticias que son, noticias que no son.

Mañana se estrena " ¿A quién le importa?", gran obra de teatro de mi querida hermana. Durante mi estancia en Delhi tuve la suerte de poder asistir a los ensayos.

Lugar: School of Social Science Auditorium, Jawarhalal Nehru University
Hora: siete de la tarde
Escrita y dirigida por María López González

Después de la obra habrá un high tea, así reza la invitación "the play will be followed by high tea", yo entiendo que es un té con bang. Recuerdos holísticos de holi, que no del holismo.

Pues eso, que a mí mucho no me importa, porque llevo torta.

Ayer murió Edward Lorenz, uno de los padres de la teoría del caos. De lo simple a lo complejo, lo determinado e indeterminado. Los fractales. Árboles, nubes y espirales. Casualmente, ¿no será causalmente?, me acuerdo del misterio del solitario. Lo cual me lleva a muchos más misterios. Y señales, ¿son o no son? Yo sigo encontrándome clips y naipes.

domingo, 13 de abril de 2008

Electra


Siguiendo en mi línea de intolerancia hacia las aves trepadoras he decidido comentar un poco de mi vida pekinesa sin mentar a los pobres de espíritu.


Esta semana ha sido muy de parques y paseos, de sol y primavera. Ayer me fui con Pili a Nanluoguxiang a desayunar en una terraza, al calor del sol matutino. El aire estaba lleno de pólenes varios en suspensión pero sorprendentemente mi alergia aguantó. El plan era ir a la zona del museo de arte nacional y comprar pinturas, lienzos y demás para dar rienda suelta a nuestra vocación frustrada. Intención convertida en acción. Por primera vez en mucho tiempo cumplo alguno de mis planes. Desde que llegué a Pekín no he dejado de proponerme cosas y apenas he hecho una cuarta parte de las mismas. Lo mismo me ocurría en Madrid, la verdad, es muy de mí, qué se le va a hacer. Todo es empezar y aprender. En ese camino sigo.


Hoy por la mañana de camino a la oficina una señora se ha caído de la bici en el cruce con un semáforo. Ningún chino ha reaccionado, miraban impasibles cómo la mujer se quedaba tumbada boca arriba sin mover ni un miembro de su cuerpo. Yo me he acercado y he levantado su bici. Luego me he acercado a ella para levantarla. Ha sido entonces cuando se ha acercado uno de los chinos que estaba observando la escena, como otros quince más que había allí. No entiendo los modales de estos chinos, no se ayudan nada entre ellos. Las colas son otra historia, aquí nadie respeta una fila. Es cierto que en España también está la típica señora mayor ansiada que hace todo lo posible por colarse, pero no es lo mismo. Esto hay que vivirlo para ver el descaro que tienen muchos de los pequineses.


Por último: están tirando Pekín, manzanas enteras para construir centros comerciales. Estoy muy triste. De nuevo compruebo que el poder de las aves trepadoras se erige sobre cualquier otro. Vaya, prometí que no hablaría más de ellos.

martes, 1 de abril de 2008

Como dijo Carl Jung...

"Los adoradores de la consciencia suprema, son de hecho los esclavos del ambiente, se compran coches, casas y sexo, tienen que ser mirados porque ellos en realidad no ven nada. Los otros, los que ven, son desbordados por una existencia psíquica que difícilmente puede trasmitirse, y suelen sucumbir en eso que llamamos realidad."

Gracias señor Jung.

Demasiado esfuerzo por conseguir algo, algo que no vale, para mí no. Vuelvo a la intolerancia de actitudes ante la vida, lo siento, me causa estrés lidiar con los asuntos diarios, con ver quién es el más, el que más alto llega, el que más gana. Basta, por favor. Miraré desde la barrera, como hago siempre. No puedo más. Me retiro del que era mi único cometido en estas situaciones: pensar sobre ello. Demasiado triste y sinsentido como para dedicarle más minutos. Los vicios amos y señores de pobrecitos ellos, la ambición ignorante, muy ignorante; la ceguera absoluta.

Dedicaré esfuerzo al estudio y a observar. La felicidad no la necesito. Y eso es bueno.

Mis disculpas, todavía tengo que aprender. Hoy lo veo todo claro, anda que no me queda...Eso sí, de mí no me muevo.