domingo, 7 de noviembre de 2010

El viejo mundo


Comenzamos a hacer balance de estos insólitos tres años y pico en Beijing. Ahora que me marcho mi cabeza comienza a desarrollar un mecanismo de autodefensa que consiste en ver los aspectos negativos de mi amado odiado Pekín:
- Un atasco cada día peor: cinco millones de coches, y siete millones en 2015, según dice el Gobierno.
- La contaminación: el sábado alcanzamos nivel 5, en el que las autoridades sanitarias recomiendan no salir de casa. Nosotros, que estamos con las gestiones preparatorias del regreso, estuvimos casi todo el día en la calle. El domingo me dolía la cabeza y tenía ganas de vomitar como si estuviera de resaca (hace un año que no fumo y tampoco bebo porque he desarrollado una alergia al alcohol un tanto siniestra).
- El transporte: el metro en hora punta está atestado, literalmente. A veces tengo que esperar hasta tres trenes para poder subir, a pesar de la labor de los empujadores.
- Los barrios tradicionales y la destrucción inminente: demasiados cambios para asimilar en una persona como yo que atesora cada detalle. Es too much for me.

Por otro lado, el amanecer en mi hutong en un día de sol no tiene precio. A pesar de las humedades, las alimañas nocturnas que duermen en mi patio, las alcantarillas a la puerta de casa rebosantes de noodles y desperdicios y todo tipo de incomodidades puntuales. Lo que más echaré de menos será mi vecindario de Gulou, el tendero que vive en un cuchitril con su mujer y bebé, siempre con una sonrisa; el que me arregla la bici, los perrillos pekineses del barrio, nuestro restaurante favorito de jiaozis, mi amigo Rui con quien hago los revelados en blanco y negro, el chino modernillo de la tienda de fotos, la música de Xin Kuzi (aunque los CD me los llevo)…

Y los buenísimos amigos, contados con los dedos de una mano.
Y el aprendizaje constante que me deja el seso frito cada día.

Y el tofu apestoso y el huevo milenario.

Todo el mundo mira a China, pero yo no quiero seguir en la carrera. He decidido ir contracorriente. Cuando llegué no tenía objetivos, y ahora sé que se han cumplido.
Tengo suerte.

viernes, 29 de octubre de 2010

El principio del fin

Terminan mis días en Beijing. En Pekín. En Peking.

Ya empiezo a notar la nostalgia. Éste sería mi cuarto invierno aquí, quizá demasiados.

Nueva vida en la vieja Europa.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Back to work


Casi dos semanas ya desde que aterricé en Pekín, humedad del 90% y calor atroz.


Un placer poder disfrutar y compartir con los buenos amigos un poquito de mi vida aquí. Alice hutong´s se encuentra completo por vacaciones, con más vida que nunca, tanto humana como animal. Los gatos y escarabajos, mis amigos y las risas.


Madrid no te olvido.


PS Y mañana a Luoyang, el París de China según me comenta un amigo.


jueves, 15 de julio de 2010

Carta a los orientales pudientes

Queridos chinos:

Os quiero mucho pero en ocasiones esto resulta too much para mi persona. Me voy, volveré pronto. Ya, ya sé que no habéis preguntado, pero los europeos somos así, de hablar y de querer comprender.

Siete días sin ver el sol ha sido duro, pero ya he visto que en España toca mapa lleno de huevos fritos para las siguientes dos semanas. Un cortado en una terraza de barrio, con su silla y mesa de metal. Ah, y una sombrilla con propaganda de Mahou a ser posible.

Y las maletas sin hacer.

Disfrutad de estos días sin mí, y por favor, no os dejéis llevar por el consumismo total. Os dejo una de vuestras frases favoritas, vuestro último lema: "prefiero llorar en un BMW que reír en una bicicleta".

Pues muy bien, disfrutadlo.

jueves, 8 de julio de 2010

Verano


Vaya copa del mundo de fútbol. A las dos y media de la mañana no hay ser que lo siga, y menos con este calor. Me veo obligada a ver la repetición del día después. Tal es mi desconexión futbolera que el otro día estaba con mi laogong viendo el fútbol Brasil- Costa de Marfil, llegamos a creernos que se trataba de un partido de cuartos (“Hay que ver lo lejos que han llegado estos marfileños”). Al día siguiente, tan orgullosa de mí misma, comenté en la oficina “¿visteis el partido de ayer?, vaya paliza y vaya goles de Brasil”, en fin, mi compi de turno no daba crédito a mi empanamiento vital. "Pero chica, si ese partido fue de los de primera ronda".

Sí señores, esa soy yo, esos somos nosotros como pareja de ermitaños, en nuestro hutong, en un barrio donde la gente saca la cama a la calle para dormir a la fresca (algunos incluso envueltos en una mosquitera asemejándose a una crisálida gigante). Noches de verano con sus paseos nocturnos como si estuviéramos en el pueblo. Comentando con los vecinos, cada uno sentado sobre la banquetilla, a la puerta de su casa.

(Conversación en chino, traducida al correspondiente castellano, más o menos…si bien, el acento manchego le vendría aún más al pelo)
- Hale, ya de vuelta para casa
- Sí, sí, ya de vuelta
- A disfrutar de la noche, ¡que hoy hace fresco!
- Eso, eso. Buenas noches.
- ¡Hala mozos!

Obviamente, los mozos somos nosotros.

En una semana volando para Madriz, y luego Santa Cruz, y luego Valencia.

¡Viva!

PS. La felicidad tiene un nombre, y se llama pan y mantequilla en un avión.

domingo, 20 de junio de 2010

Sueño


Un recorrido diferente de la mano de mi madre, visita turística por un Beijing menos frecuentado por las hordas de turistas.

El antiguo palacio de verano con sus ruinas de palacios franceses entre lotos gigantes; el templo de las cinco pagodas y el silencio; el parque de bambú y los sonidos del gucheng; el templo de Tanzhe y del buda Maitreya, sonrisa infinita.

Y hoy solsticio, ya llega el verano, es oficial, y mi casa, por ser hutong, por estar sobre el suelo, por tener ladrillo gris, por tener tejadillo, por ser pingfang, por tener un árbol de bodhi a la puerta, por lo que sea, está más fresca que las casas encaladas de la Mancha; si cabe.

sábado, 12 de junio de 2010

Más vida


Sábado de oficina para poder disfrutar de cuatro días seguidos de vacaciones después gracias al famoso Dragon Boat Festival.


Me quedo en Pekín al lado de mi progenitora, que como buena peregrina, viene una vez al año a China, así como hizo Sun Wukong viajando al oeste a India en busca de las escrituras budistas, mi madre vuela en British viajando al este a China en busca de su hija y nuevas experiencias. Porque cada año es un nuevo barrio, una nueva casa y unos vecinos cada vez más de pueblo. Del centro de Pekín, que ya quedan pocos, aquéllos que van en pijama a comprar tomates al camión de las verduras.
Me estoy haciendo mayor, no por las canas, que esas están desde mis 17, sino por la concepción del tiempo. El transcurso de un año ya no es un abismo, y los distintos ciclos pasan cada vez más rápido, pero siempre nuevos. Otra vez verano, las estaciones, los paseos nocturnos a la fresca, las vacaciones al mar, un coche viejo en Madrid de más de seis años ya, ¿es mucho?¿es poco? Esperaré unos cuantos años más y me parecerán muy pocos. Los amigos, de toda la vida, los últimos que tenemos, los que nos quedamos, los que elegimos, los que queremos. La poca vergüenza, el mayor desparpajo, la asunción de responsabilidades, las gestiones. La familia.