lunes, 31 de mayo de 2010

No cry


Hoy en la oficina mirando al cielo gris, y hace dos días sobre el asfalto con un autobús a medio metro de mí. Bicicletas de Pekín, es lo que tiene, 15 km diarios entre ida y vuelta multiplican las probabilidades de torta sobre el firme. Como también lo hace el seguir viviendo un día más; nuevas probabilidades de otros tantos infortunios.

Un milagro también que estemos bien. La vida con más ganas aún si cabe. Mi vida de yupi histérica con espíritu de artista, como dice mi amado Don.

lunes, 17 de mayo de 2010

Guizhou, sus gentes


Y su dureza. Cinco días de dolor estomacal similar al sufrido dos años atrás en Risikesh.
Y cinco días de descubrimientos: las etnias dong, miao, yi (me quedaron 40 y tantas etnias más sin conocer, es lo que tiene Guizhou); sus vestimentas, toallas en la cabeza por doquier, mujeres octogenarias cargando con niños y gallinas por igual. La China auténtica, virgen de turistas. Industria pesada entre las montañas verdes, minas de carbón, fábricas de ladrillo, casas de madera, plantaciones de arroz, olor a abono, bueyes con su pájaro simbiótico en el lomo. Ríos y cañones, y pueblos que viven del agua.

Kaili, Shidong, Shiqiao, Qong´an, Matang, Langde, Qingman, Xijiang, y otros pueblos perdidos por el camino, sin nombre. Pueblos donde los residentes se apellidan todos Chen y en las puertas se escribe con tiza la profesión que les distingue del Chen de al lado, para que les llegue el correo. Dialectos incomprensibles. Bordados preciosos, hilos de seda y tintes naturales de azul, sobre todo azul. Un pueblo animista, que celebra festivales durante todo el año y sacrifica animales para las buenas cosechas.

Guizhou, la región más pobre de China que muchos chinos desconocen, que incluso me preguntaban en la oficina porqué iba a querer ir a ese lugar. No entienden nada. Aquí en la gran ciudad ya sólo importa el dinero, las marcas, y ascender. Trepar y trepar, hasta la cumbre. Y luego qué. El abismo.

Y en esas está el Beijing de hoy, con sus ricos y sus pobres. Grandes contrastes cada vez quizá más marcados. Y así algún día sucederá con Guizhou, cuando el turismo crezca y las gentes pasen de la agricultura a los servicios, a crear los parques de atracción turística de rigor, con su muela y buey de cartónpiedra donde se explique en una placa los usos y costumbres de antaño. Donde un hombre sentado con su disfraz acrílico de pastor se dedique a vender los tickets de entrada, y luego a la salida la mujer venda llaveros y bordados industriales. Es lo que hay, bueno, malo, mejor, peor, hacia eso tendemos. Cumplida la supervivencia un campo de posibilidades que nos defina a cada uno: el friki, el religioso, el artista, el empresario, el buen padre, la depresiva, la viajera, el filósofo, el cooperante, el envidioso, el ambicioso, el especulador, el predicador.
Y mejorando estoy yo. Viviendo en mi casa de campo, conviviendo con coleópteros de tamaño inimaginable, barriendo mi patio los fines de semana y yendo al mercado para llenar de berenjenas, patatas y tomates la cesta de mi bici .
Hoy toca crema de calabacín, hortaliza ni fría ni caliente en lo que a medicina china se refiere, templada, perfecto para los cambios de estación. Compremos según lo que ofrece el mercado, la naturaleza es sabia. Qué pena que hoy en día tanto invernadero nos haya hecho olvidar lo que toca en cada momento. Mal. Muy mal.

martes, 13 de abril de 2010

Qingming en Anhui

La festividad de Qingming en es un poco como el Día de todos los Santos en España (también lo llaman Sha Mu, que significa barrer tumbas). A pesar de que la práctica de ritos tradicionales está prohibida por el Gobierno, la fiesta se mantiene para honrar a los antepasados, si bien, en teoría, no se permite hacer lo que muchos chinos siguen haciendo, más aún en los pueblos (lo hemos podido comprobar en nuestro viaje por los pueblos de Anhui). Existen varios días del año en los que los chinos se acuerdan de sus antepasados y les rinden toda clase de respetos y honores. Queman dinero, casas, ropa, todo de papel, para mandarlo a sus familiares en el más allá y que no les falte de nada. Por el pueblo de Hongcun, Xidi y Shexian, se podía ver a los abuelos quemando los papelitos en quemadores de bronce. Algo así parecido vi en Beijing en el mes de octubre (en el primer día del calendario lunar), cuando empezaba a hacer frío y en muchos cruces de caminos de la ciudad, en cada esquina, se veía a la gente quemar ropa de papel para enviar a sus familiares (tai leng le), eso me decían para explicarme que el invierno estaba llegando y sus familiares muertos tenían también que abrigarse. Los papeles se queman en un círculo dibujado el el suelo con agua, que no está completamente cerrado, para que así, los espíritus, puedan salir y entrar.

Entre otros capítulos interesantes de nuestro viaje a Anhui, la subida de cinco horas a la Montaña Amarilla es casi lo menos emocionante. Me quedo con los pueblos y las vidas duras, la China profunda y tosca, los viajes en carricoche hasta un pueblo horrible, con una zona amurallada algo más reseñable. Con unos estudiantes que nos invitan a su escuela. Los restaurantes con el plato del día bien fresco a la entrada del mismo: conejo, búho, serpiente, erizo, pavo, paloma, ranas. Uno al lado del otro, cada uno en su jaula o barreño, esperando a ser desollado o desplumado según toque y cocinado en un wok aderezado con guindilla y aceite de sésamo.

jueves, 1 de abril de 2010

Recuerda



Cada semana aprendiendo en el tú a tú con mi profesor de chino, en el choque cultural permanente con mis compañeros de oficina, herméticos ellos, paranoica yo, la cocina y la comida china, la ciencia del supermercado, la ciencia de las abuelas, el cineforum apasionante de cada noche. Alicia y el sombrerero loco, ochenta céntimos de euro, fila 10, centrados, en un sofá blanco mirando al sur, allá en un hutong del barrio de Dongcheng, que amenaza con ser derribado por órdenes del Gobierno, así para crear un terra mítica, con centros comerciales y compradores compulsivos.
¿Qué fue del Tívoli, el Benlliure o el Juan de Austria? Pocos cines ya en Madrid, ¿Dónde irán a parar las fregonas y barreños, las casas de ladrillo visto, sus vecinos, el ethos y el pathos del barrio? De la ciudad entera, esas viviendas llenas de cacharros, trastos, olor a aceite, orinales, coles gigantes, termos, tazas de latón. Desaparecerá, para mí y para todos, el barrio que rodea la campana y el tambor, el corazón de la ciudad. Se parará, y con él las vidas duras, la curiosidad de quienes quieren saber y conocer más. No hay marcha atrás, no hay tiempo para la melancolía, así dicen mis vecinos octogenarios, que montan en bici cada día para ir al mercado de verduras y traer a casa los puerros y el jengibre y la carne con gusanitos.
Un año diferente al pasado y éste al que antecede. Un fin de semana de genial tertulia con el embajador de un gran país, con un filósofo español (éste mi señor) y uno canadiense, una griega que al conocer mi nombre me agarra la mano fuerte al escuchar un nombre que le suena tanto a casa, a su casa, Aleceia, así me enseñó mi madre, verdadera significa...Almuerzo mágico en la residencia diplomática, construida en los años de la RDA, con su suelo de parqué y sofás de cuero, alfombras gigantes y paredes repletas, de cuadros, esculturas y vida. Un aroma tan familiar, el de la casa de mi tía en el Parque, baño en la piscina y merienda con tarta de fambruesas de la pastelería Húngara; tardes eternas hasta que se marcha el sol, hacia las ocho, cuando con el bañador todavía mojado, volvíamos la madre y las dos hijas a casa en el coche de mamá.

Y mientras aquí, paseos todas las semanas al 798, nuevos proyectos que desarrollar con mis dos cámaras a la espalda. Esperando repetir la gran experiencia del cuarto oscuro con la tenue luz roja.

Ayer olvidé todos mis apuntes de chino en un supermercado. Estoy al borde del colapso...

domingo, 7 de marzo de 2010

Comer, beber, amar


Nieve, nieve y nieve. Marzo, febrero, enero, diciembre, noviembre, octubre, mes éste cuando aconteció la primera nevada. Cinco meses enteros con sus 150 días y un frío por debajo de los ceros grados que yo ya difícilmente puedo soportar. Nos hacemos fuertes, tomamos bayas y tés reconstituyentes. Mi body aguanta bien pero no sé por cuánto tiempo más. Hoy he tardado una hora y media hasta que he llegado a la oficina de los vientos.

Fin de semana que ha sido provechoso, con descubrimiento de nueva librería y filmoteca incluidas. Cómo se aprende a apreciar cada una de estas pequeñas cosas en esta ciudad cada vez más inhóspita.

Día de la mujer, el Gobierno nos regala media tarde libre. Volveré a mi hutong para leer en el sofá al calor de las estufas eléctricas y ver las conclusiones de la reunión anual de la NPC y la CPPCC, dirigiendo el país, dirigiendo ya el mundo...

jueves, 11 de febrero de 2010

Gong xi gong xi gong xi ni!


Ahhhhhh, que ya suenan los petardos... Me pregunto si este año tendremos un nuevo edificio en llamas, ejemplo claro de arquitectura efímera.

Que viene el tigre, pisando fuerte. Adiós al buey y su pesada carga. Año de no parar, mil cursos a la vista, el chino nivel pro, la cocina y las fotos. Y así recorro el calendario chino, llegué con el cerdo, que pronto se convirtió en rata, luego fue buey y ahora es tigre. Quizá no esté ya para ver el conejo, quién sabe, no aquí, pero sí en Lavapiés.
Ya he hecho mis propios revelados, nuestros muebles y cuadros. Nuestra casa hutong es digna de ver y ser vista, planta de naranjito y escalera a la terraza, arañas por doquier y vecinos que antaño fueron guardias rojas. Más no puedo pedir para mí misma. Perros pequineses que campan a sus anchas entre alcantarillas atascadas con noodles y hombres en pijama con chanclas de doraemon.

Seamos felices todos en la medida de lo posible. Hu hu sheng wei.
A Taiwan me iré y nadie me verá.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

¡La encontré! Donde la ciudad monstruosa se convierte en pueblo y los pájaros vuelan sin rumbo, el silencio es absoluto y huele a chimenea. Un poco más al este de las torres de la Campana y el Tambor, antaño marcadores de los principales hitos del día, situadas en el eje central de Beijing, que de norte a sur es Qianmen, Tiananmen, Ciudad prohibida, la Colina del Carbón, la Campana y el Tambor, y mucho más al norte, el estadio del Nido. Todos los parques y altares, siguiendo los principios del ba gua en el feng shui, así como mi nueva casa, orientada al sur. Cada sábado por la mañana vemos el sol que nos mira en nuestra habitación al este. Ya a mediodía, si nos movemos al salón (en el centro de la casa), ahí sigue observándonos, y luego ya por la tarde, cuando sólo nos mira de reojo, mientras se esconde tras los tejados grises de la ciudad vieja.

Y qué cantidad de cosas se acumulan en dos años (cosas, sólo son cosas), y qué terribles que son las mudanzas. Todo sea por un año de novedades y una terraza sobre mi tejado, con vistas a los hutones del barrio.



Mientras me pregunto, ¿Por qué no hubo cielo azul en Madrid?¿Por qué estoy tardando tanto en leer la Montaña del Alma? ¿Cuándo iré a por mi título de chino? ¿Cuándo me darán mi visado y esta situación ilegal en la que me encuentro terminará?