jueves, 8 de julio de 2010

Verano


Vaya copa del mundo de fútbol. A las dos y media de la mañana no hay ser que lo siga, y menos con este calor. Me veo obligada a ver la repetición del día después. Tal es mi desconexión futbolera que el otro día estaba con mi laogong viendo el fútbol Brasil- Costa de Marfil, llegamos a creernos que se trataba de un partido de cuartos (“Hay que ver lo lejos que han llegado estos marfileños”). Al día siguiente, tan orgullosa de mí misma, comenté en la oficina “¿visteis el partido de ayer?, vaya paliza y vaya goles de Brasil”, en fin, mi compi de turno no daba crédito a mi empanamiento vital. "Pero chica, si ese partido fue de los de primera ronda".

Sí señores, esa soy yo, esos somos nosotros como pareja de ermitaños, en nuestro hutong, en un barrio donde la gente saca la cama a la calle para dormir a la fresca (algunos incluso envueltos en una mosquitera asemejándose a una crisálida gigante). Noches de verano con sus paseos nocturnos como si estuviéramos en el pueblo. Comentando con los vecinos, cada uno sentado sobre la banquetilla, a la puerta de su casa.

(Conversación en chino, traducida al correspondiente castellano, más o menos…si bien, el acento manchego le vendría aún más al pelo)
- Hale, ya de vuelta para casa
- Sí, sí, ya de vuelta
- A disfrutar de la noche, ¡que hoy hace fresco!
- Eso, eso. Buenas noches.
- ¡Hala mozos!

Obviamente, los mozos somos nosotros.

En una semana volando para Madriz, y luego Santa Cruz, y luego Valencia.

¡Viva!

PS. La felicidad tiene un nombre, y se llama pan y mantequilla en un avión.

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